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5/06/2025
En una charla con alumnas de la carrera de Comunicación en el marco de los cuarenta años de fundación de la licenciatura, el profesor vuelve a recordar sus anécdotas más memorables dentro de las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Además habla acerca de su recorrido por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, la amistad con Duhalde y brinda su perspectiva acerca de la lucha por los derechos humanos.

Luis Hipólito Alén es abogado por la Universidad del Salvador. Hasta el día de su jubilación se desempeñó como profesor y luego como titular de cátedra de la materia Derecho a la Información en la Universidad de Buenos Aires y dirigió la Licenciatura en Justicia y Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Lanús. Fue subsecretario de Protección de Derechos Humanos de la Nación (2007-2015).
Ha publicado varios libros, la mayoría los escribió junto a su amigo y socio, Eduardo Luis Duhalde, a quien recuerda con cariño y admiración. De hecho, de tanto en tanto habla en plural cuando se refiere al proyecto político que desarrolló junto a él. Así lo hizo saber a las alumnas de la carrera de Comunicación en la entrevista que brindó de manera virtual desde su casa en Cariló. Sentado muy cómodo en su oficina el profesor comenzó a responder:
- ¿Cómo recuerda sus primeros años como docente? ¿Qué tipo de universidad encontró por esos años?
- Cuando inicia la carrera de Comunicación había una sola cátedra de la materia de Derecho a la Información y los estudiantes pidieron que se hiciera otra cátedra porque querían que hubiera más amplitud y es cuando la dirección de la carrera nos convoca. En ese momento el titular de la nueva cátedra era Eduardo Luis Duhalde. Desde entonces integré la cátedra y recuerdo esos años con mucho cariño. Me encontré con una facultad en proceso de construcción. La carrera se estaba construyendo, era el segundo año desde el inicio de la carrera cuando se creó esta segunda cátedra de derecho. Eran los primeros años del retorno de la democracia, así que también en el país estaba en pleno proceso de construcción una nueva institucionalidad. Y en ese momento la carrera de Ciencias de la Comunicación era una de las más convocantes a pesar de ser una carrera nueva.
- Durante estos cuarenta años ¿Qué transformaciones pudo percibir en cuanto a la enseñanza y el vínculo con los estudiantes?
- Las maneras de enseñar tuvieron un cambio muy radical recién cuando llegó la pandemia en realidad. Hasta entonces todavía era más o menos una enseñanza tradicional. Con el paso de los años fuimos desarrollando nuevas técnicas. Primero, porque teníamos cada vez más estudiantes. Después, porque estuvo el periodo de crisis edilicia. Imaginense en un aula en donde a veces teníamos entre setenta y ochenta estudiantes era muy difícil mantener un contacto académico normal. Recuerdo años, hacia mediados de los noventa, en los cuales las y los estudiantes se tenían que sentar en el piso porque no entraban en el aula.
“Imagínense en un aula en donde a veces teníamos entre setenta y ochenta estudiantes era muy difícil mantener un contacto académico normal”
Estos años son difíciles porque dar clases no es solo transmitir un conocimiento, sobre todo en nuestra carrera, sino que requiere de elementos técnicos, requiere posibilidades de acceso a sistemas digitales, cosa que cualquier universidad moderna necesita, que todavía faltan que estén disponibles para todos los estudiantes, incluso para los docentes.
Repito, el cambio más profundo llega con la pandemia porque eso nos obligó a reformular todo una serie de paradigmas que teníamos incorporado. Del modelo de enseñanza del docente que daba clases enfrente a sus estudiantes y que conversaba con ellos en las clases, tuvimos que integrar un modelo de clases a distancia. Aunque ahora se retornó a una “normalidad”, pero ya tenemos incorporado los campos virtuales desde las cátedras lo que posibilita un contacto más fluido con los estudiantes.
- ¿Nos puede compartir alguna anécdota de lo que fueron los inicios de la carrera?
- En realidad, al principio también fue un aprendizaje para nosotros y una de las cuestiones básicas que discutimos cuando elaboramos el programa fue un pedido expreso de quien fue el primer director de la carrera, Enrique Vazquez, que nos había dicho que pusiéramos énfasis en el compromiso de los derechos humanos.
Recuerdo que estuvimos hasta altas horas de la noche comenzando con cosas básicas de la redacción del programa y convocando a lo que fue la primera camada de docentes. Estaba Eduardo de titular, el Profesor Adjunto fue Carlos Gonzalez Gartland y los Jefes de Trabajos Prácticos de la cátedra fuimos Ricardo Esparis y yo.
Y en un momento dado a Eduardo se le ocurrió, brillantemente, que la mejor forma de alcanzar el pedido de Vazquez era hacer una síntesis histórica desde Mariano Moreno a Rodolfo Walsh. Entonces a partir de dos figuras paradigmáticas de nuestra historia hicimos patente ese compromiso con la libertad de expresión, el derecho a la información y los derechos humanos.
Recuerdo que una vez un estudiante que terminaba siempre mal después de las clases, no entendía mucho, hasta que un día se me acercó y me dijo: “¿Sabe una cosa? Me rompio tanto con Moreno, que me compre un libro sobre Moreno, y ahora estoy fascinada con Moreno y pienso escribir sobre Moreno”. Y la verdad es que todos los estudiantes deberían conocer la historia de Mariano Moreno. Era un tipo que estuvo en la escena pública poco más de dos años, de febrero de 1809 a marzo de 1811, en ese poco tiempo, y sin ocupar la máxima autoridad del país, hizo cosas que cambiaron la historia. Fue además el que fundó el primer medio de comunicación de la época patria, la Gazeta de Buenos Aires, que tenía un párrafo que decía: “Raros tiempos de felicidad estos en los que se puede pensar lo que se quiere y decir lo que se piensa”. Eso es algo que los estudiantes, sobre todo los estudiantes de comunicación, deben recordar, porque eso es el derecho a la comunicación.
- ¿Cómo se acercó a la docencia? ¿Hubo alguna situación en particular que lo motivó a hacerlo?
- La cátedra nació como pedido de los estudiantes. En ese momento mi esposa fue una motivación especial. Yo ya estaba casado con mi mujer que estudiaba la carrera de Ciencias de la Comunicación. Ella era estudiante y era militante política, entonces formó parte del reclamo por una cátedra de Derecho a la Información nueva. Entonces un día, mientras estábamos con Eduardo Luis Duhalde, recibimos una llamada de mi mujer, me avisa ella que nos acababan de proponer como docentes de la nueva cátedra. Así que ella, Eduardo, los estudiantes, la coyuntura, todo esos factores en conjunto me motivaron a comenzar mi labor en la docencia.
- ¿Qué mejoras podría proponer y que miradas tiene acerca de cómo se ejerce el derecho hoy en día?
- En realidad, el derecho es una herramienta que el Estado utiliza para disciplinar a la sociedad. Entonces el derecho por sí solo no te garantiza nada. En este sentido, el derecho va a depender de las formas de gobierno que los apliquen. Otra cosa es pensar en la cuestión de la justicia que es algo a lo que uno debe aspirar, y que no hay que confundirlo, como lamentablemente casi todos los comunicadores que agarran un micrófono hacen, con el Poder Judicial. El Poder Judicial es uno de los poderes del Estado. Tiene la función de administrar justicia pero no es “la justicia”.
“El derecho a la información será democrático en la medida en que los que lo apliquen sean democráticos”
En este sentido, algo a mejorar es el Poder Judicial. Hoy tenemos un Poder Judicial elitista, corporativista, y reducido en su integración a las conexiones familiares. El Poder Judicial es, aparte, el único de los tres poderes del Estado que no está sometido al escrutinio del poder popular. Nadie vota a los jueces, no sabes quienes son, ni cómo se eligieron, ni cuando. Tendría que haber alguna forma de control sobre el desarrollo de sus funciones. Entonces una de las tareas fundamentales de estos tiempos es construir un Poder Judicial totalmente distinto.
El derecho a la información será democrático en la medida en que los que lo apliquen sean democráticos. Mucha gente dice que llevamos cuarenta y dos años de democracia, y yo pienso que no. Llevamos cuarenta y dos años de gobiernos electos por el voto popular y de una cierta estabilidad institucional, pero la democracia es algo mucho más profundo. No es solamente ir a votar cada tanto.
- ¿Cómo se equilibra la relación academia, realidad social y política? Teniendo en cuenta que usted tuvo una vida política muy activa ¿Como logró tener incidencia desde la academia?
- La Universidad de Buenos Aires es un ámbito de discusión y debate político. Los estudiantes tienen la posibilidad de elegir sus autoridades. Hay que aprovechar esos espacios de debate dentro de las facultades. Sí, yo tuve la posibilidad de ser un actor político desde la academia. De participar activamente de situaciones políticas porque desde que entré a la universidad (hace muchísimos años) me dedique a la politica, ademas tuve otras posibilidades como hijo de un padre historiador, tuve también contactos con mucha gente de la política, pude desarrollar tareas en otras áreas mucho más vinculadas con la política de derechos humanos en este país y llevar adelante desde ese lugar, desde la Secretaría de Derechos Humanos, que hoy en día está totalmente desmantelada, una tarea que es (o fue) fundamental: la construcción de políticas públicas en materia de derechos humanos. Una de esas políticas públicas tenía que ver con el derecho a la información. Yo me ocupe por varios años de todo el proceso de construcción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522). De hecho, la facultad fue una de las sedes donde se llevaron adelante los debates sobre la ley.

- ¿Puede hablarnos del proceso y los años en que escribió el libro Teoría Jurídico-Política de la Comunicación? ¿Podría hablarnos de su relación con Eduardo Luis Duhalde? ¿Cómo influyó él en este proceso?
- Eduardo Luis Duhalde en los años sesenta y setenta fue una de las figuras centrales de la historia política argentina. Fue historiador, también se desempeñó como abogado de presos políticos, abogado de sindicatos. Fue una figura relevante dentro del campo de la defensa de los derechos humanos.
“Con Eduardo construimos una política de derechos humanos que había estado ausente en casi todos los gobiernos”
Yo era adolescente en ese entonces y leía los libros de historia que había escrito Eduardo. No me pude acercar a él en los setenta porque justamente cuando yo tenía veinte años, Duhalde fue exiliado y pasó a la clandestinidad y era un poco difícil encontrarse con él en ese contexto. Pero cuando vuelve del exilio casi por casualidad en un casamiento de un amigo mio estaba Eduardo, entonces me acerqué y le dije que teníamos una amiga en común, Alicia Eguren, la viuda de John William Cooke, entonces él me dijo: “Entonces sos amigo mío”. Desde entonces y hasta que el fallecio fuimos amigos. Nos veiamos y trabajamos juntos cotidianamente en cosas jurídicas, políticas y sociales. Compartimos también un estudio jurídico.
Así llegamos a la carrera de Comunicación. Tuvimos la idea desde siempre de escribir el libro. Entonces sobre la base de un primer libro, Sobre derecho a la información, construimos esto a lo que le estábamos buscando un nombre porque no queríamos escribir solamente sobre lo que es el derecho a la información y nada más, queríamos algo más. Él que era muy bueno buscando nombres, se le ocurrió ponerle el nombre Teoría Jurídico-Política de la Comunicación, porque en realidad tratamos de abarcar esos dos aspectos y sobre todo cómo influye el fenómeno de la comunicación a lo largo de la historia en las relaciones entre el Estado y la sociedad. Y como vivíamos en contacto casi permanente, nuestras familias son amigas al punto tal que nuestros hijos también son amigos, también compartimos vacaciones en conjunto, era una vida casi en común hasta que a él lo convocan para ser el Secretario de Derechos Humanos en el 2003.
Cuando pasa eso me llamó por teléfono y me dijo: “¿Cuando te venís a trabajar conmigo?”. Fue así como empezamos a trabajar y tuvimos que construir una Secretaría de Derechos Humanos que no existía salvo en lo nominal. También construimos una política de derechos humanos que había estado ausente en casi todos los gobiernos. Hubo una gran cantidad de leyes en las cuales tuvimos incidencia.
Como por ejemplo, la Ley de Filiaciones (14.367), la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (26.061), la Ley de Matrimonio Igualitario (26.618), la Ley de Identidad de Género (26.743), y por supuesto, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522) que era un viejo reclamos que habíamos tenido.
-El capítulo 4 del libro se llama “La necesidad de crear un nuevo orden de la información y la comunicación”. En este sentido ¿Sigue existiendo la necesidad de crear un nuevo orden en el contexto actual?
- Todo lo relacionado a ese capítulo es parte de un debate muy intenso que durante finales de los años sesenta y toda la década del setenta condujo a que se elaborara el conocido “Informe MacBride”. El grupo de expertos de la UNESCO presidido por Sean MacBride (que por cierto fue amigo y conocido de Eduardo) hizo un informe sobre el estado de las comunicaciones en ese momento. Es un informe que se publicó en la forma de un libro “Voces múltiples, un solo mundo”. Creo que es hasta hoy una lectura fundamental y obligatoria para cualquiera que quiera pensar en cambios dentro del esquema de la comunicación.
Si el orden de la comunicación y de la información era en ese momento, un orden injusto, hoy creo que en lugar de mejorar hemos empeorado. Porque lo que por entonces se denunciaba como una posibilidad que se vislumbraba como funesta para el universo de la comunicación, que era la tendencia hacia la concentración monopólica de la propiedad de los medios, hoy es una realidad en el mundo.
Creo que todavía está en juego la necesidad de construir, por supuesto con todas las diferencias que impuso el avance de las tecnologías. Entonces hasta hoy se sigue luchando y se sigue viendo como muchas de las amenazas que se vislumbraban por entonces como amenazas de un futuro lejano, hoy son tristes realidades. Es muy lamentable, pero tiene que ser también un motivo de compromiso y de la necesidad de trabajar para construir un orden que sea verdaderamente democrático.
- ¿Cómo fue la experiencia de hablar de derecho cuando en el país recién se salía de la dictadura?
- Yo me sentía, en cierta medida, agradecido de poder estar desarrollando una cosa nueva y contribuir a dejar atrás una época trágica. Entonces vos podías desarrollar libremente porque en realidad la carrera nunca nos puso límites, siempre pudimos dar la materia de la manera más libre que pudimos, eso era gratificante. Saberse uno construyendo un orden democrático de la comunicación. En ese momento era todo más para construir, además estaba sobre la mesa la posibilidad de construir una carrera, una facultad y una universidad distinta en un país diferente.
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